Toma tomate0 comentarios

Por asuntosdemujer
Enviado el 14 de ago de 2011 a las 2:00pm

El tomate es oriundo de América, y allí los aztecas lo llamaban xitomatl, que significa “fruto con ombligo”. De xitomatl ha derivado la palabra jitomate, que todavía se emplea en México. Los españoles llevaron el tomate alrededor del siglo XVI a Europa, cultivándose con facilidad en la cuenca mediterránea. Parece ser que los primeros tomates eran amarillos, por eso en Italia se los conoce como ‘pomo d’oro’, que significa “manzana dorada”. Hay multitud de variedades. Valga como curiosidad que el más cercano al tomate silvestre originario sea probablemente la variedad cherry.

Investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, encontraron recientemente un gen en el tomate que podría ser beneficioso en la terapia génica en tratamientos de tumores cerebrales. Los genes del tomate utilizados son una especie de “genes suicidas”, que pueden provocar la destrucción de las células cancerosas cuando se introducen combinados con el fármaco AZT, utilizado en tratamientos para el VIH. Pero tampoco hay que indagar demasiado para comprobar que el tomate ha sido el protagonista de muchas otras investigaciones: existe un fármaco a base de tomate que ayuda a controlar el colesterol, se ha demostrado que mejora la calidad del semen de nuestras parejas, han desarrollado unos tomates transgénicos morados que protegen contra el cáncer un par de años después de la creación de tomates azules para probar vacunas… Aunque no hay que meterse en terapia génica para descubrir las muchas virtudes de esta fruta (sí, es una fruta, aunque no tenga nada de dulce, más concretamente es un tipo de baya; pero desde el punto de vista culinario se le considera una verdura).

Simplemente ingiriéndola nos aseguramos un buen suministro de vitamina C. Cien gramos de tomate contienen el 22 por ciento de la dosis diaria de esta vitamina recomendada. Además, pese a ser relativamente saciante, apenas tiene calorías. En cien gramos de tomate, unos 95 gramos son agua, solamente 4 gramos son carbohidratos, de los que aproximadamente la mitad son azúcares.

Encima, aunque varía mucho en función del tipo y la maduración, el tomate es rico en carotenoides. A ellos debe su color. Y el carotenoide principal, aunque no el único (también contiene otros como β-caroteno o γ-caroteno), es el licopeno. Estos compuestos químicos son potentes antioxidantes que protegen contra el envejecimiento celular, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Eso sí, cuanto hay que tomarlos es bien maduros. Y si han madurado al sol, mejor todavía, mayores propiedades tendrán. De hecho los tomates no deben consumirse verdes, ya que contienen una toxina llamada solanina.

Para asar y rellenar
El éxito de un tomate relleno está en respetar cuatro ideas esenciales… Primera: se debe conservar la pulpa y mezclarla con el relleno. Segunda: no hay que cometer el error de apretar el relleno en el tomate, ya que de este modo durante la cocción queda compacto. Tercera: tampoco hay que olvidar que, si bien el relleno debe ser ligero, los tomates, en cambio, deben disponerse muy apretados en la bandeja, de manera que se sostengan unos a otros durante la cocción. Cuarta: finalmente, antes de meterlos en el horno es preciso acordarse de rociarlos con su jugo, que habremos previamente reservado.

Los tomates rellenos están en su punto adecuado de cocción cuando la corona se ha oscurecido y arrugado un poco. Para sacar el máximo sabor a los tomates, se sazonan con sal y pimienta, y se vierte un chorrito de aceite de oliva, antes de introducirlos en el horno. Se dejan marinar mientras se prepara el relleno, y una vez metido el relleno se procede como se ha indicado.

Hay más
Si se consume crudo aporta grandes cantidades de la arriba mencionada vitamina C, que ayuda a combatir anemias, resfriados o tuberculosis, así como diversas infecciones.

Por su alto contenido en agua ayuda a bajar la temperatura corporal en casos de fiebre y exposiciones solares intensas, es diurético y refrescante.

Aplicado en rodajas sobre la piel alivia picaduras de insectos, forúnculos o quemaduras.

El zumo de tomate es relajante y antioxidante, por lo que si se aplica a modo de mascarilla sobre la cara consigue suavizar los síntomas de fatiga del rostro gracias al licopeno, una sustancia antienvejecimiento casi únicamente presente en el tomate.

Y si se hacen gárgaras con tomate y agua tibia es un buen remedio contra los dolores de garganta.

A la hora de la compra elegiremos los tomates frescos, con la piel lisa y suave al tacto, sin reblandecimientos ni manchas en la piel ya que esto último nos indica que el producto está deteriorado. Conviene comprarlo semimaduro porque sigue respirando (madurando) durante el almacenamiento. Si se va a consumir crudo conviene lavarlo con abundante agua y unas gotas de lejía, para eliminar cualquier germen. No necesitan condiciones especiales de conservación, aunque pueden refrigerarse. Entero, se puede guardar -preferentemente en la nevera- de 6 a 8 días y en zumo natural o triturado, se conserva un máximo de dos días. Su piel y su acidez, permiten que no haya pérdidas significativas de vitaminas. El tomate crudo no resulta apto para la congelación ya que se reblandece, aunque si se pueden utilizar para cocidos, guisados y salsas.

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